Ahora no sé si es por la cosa de estar en otra ciudad o porque tengo un revoltijo mental y emocional o porque simplemente no tengo nada más que hacer me han dado unas ganas insaciables de escribir a cada rato en el blog. Eso si a petición del publico más específicamente del señor Zorro me tomare un mayor tiempo para revisar las cuestiones gramaticales del asunto, junto con los problemas de redacción que apabullan mi vida y mi carrera antropológica.
Entonces volviendo a las cuestiones relevantes a la situación paulista puedo decir primero lo increíble que puede llegar a ser vivir en una ciudad “industrial”, cabe aclarar a que me refiero con “industrial”. En primera medida lo obvio, industrial por su desarrollo económico, político, urbanístico, podríamos llegar a decir que hasta social (aunque es una afirmación discutible). Este tipo de desarrollo posiciona a la ciudad como una de las más “industrializadas” y desarrolladas del mundo.
Además de lo anterior también se encuentra la cuestión de que es una ciudad “industrial” por su tamaño apoteósico, no solo de la ciudad en sí misma sino también de cada uno de sus elementos, valores, experiencias, emociones. En esta ciudad todo se encuentra magnificado, la rumba es “industrial”, el tráfico es “industrial”, la pobreza es “industrial” al igual que la riqueza, la pasión es “industrial”. En este punto es importante detenerse a puntualizar que la condición “industrial” de las cosas de la ciudad no es inherente a estas sino que todo adquiere esas proporciones al ser corrompidas por la metrópoli se contaminan de industrialización, pongo como evidencia mi tristeza y mi mala suerte que adquirieron proporciones inimaginables lo cual ha hecho mi vida no más miserable pero si más interesante.
Por último tenemos dentro de los posibles significados a los que puedo referirme al decir que Sao Paulo es una ciudad “industrial”, es la típica relación binaria de hombre – máquina. A partir de esto entonces podemos comprender como Sao Paulo ya no es más humana, incluso teniendo en cuenta todo el estereotipo brasilero de la mundano y carnal de la vida de las personas que viven aquí. Por mas humano que se crea que es dar rienda suelta a los deseos (aunque no pasa de ser un simple estereotipo), esta ciudad no deja de estar llena de nada más que de maquinas de perfectos engranajes neuróticos. Y poco a poco yo me hago parte de este engranaje asumiendo mi papel de extranjero, de agente exótico y que “exotiza” la ciudad, posibilitando que la ciudad tenga la fachada de estar viva cuando hace mucho tiempo vendió su alma al desarrollo a la promesa del progreso en donde cada uno de los paulistanos será feliz. . . ABSOLUTAMENTE feliz, y quien quita hasta de pronto yo también pueda llegar a serlo.
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